Cada que leo el libro de Hechos siempre quedo impactada al ver los pasos y situaciones de los seguidores de Cristo. Es mi libro favorito ya que pienso que testifica el poder de Dios de una manera poderosa y, en lo personal, me encanta.
Uno de los pasajes que me retan en gran manera es cuando Pablo y Silas fueron detenidos y encerrados en la cárcel. Así lo lea una y otra vez siempre aprendo algo nuevo. Para empezar, su determinación a seguir proclamando el nombre de Cristo es asombrosa aún cuando siempre se les presentaban dificultades. Su manera de amar y servir a Dios con pasión me llenan de gozo y esperanza al ver que su situación no era sencilla en ninguna manera.
La biblia dice que los golpearon severamente para después meterlos en un calabozo y amarrarles los pies en el cepo. ¡Imagina la escena, unos hombres que habían pasado por momentos muy difíciles en la ciudad, cansados, golpeados y encerrados en el calabozo. Cualquiera hubiera estado con el ánimo por los suelos!
Sin embargo la biblia relata algo increíble. Su actitud ante la prueba que estaban pasando era la de verdaderos hijos de Dios.
“Alrededor de la medianoche, Pablo y Silas estaban orando y cantando himnos a Dios, y los demás prisioneros escuchaban. De repente, hubo un gran terremoto y la cárcel se sacudió hasta sus cimientos. Al instante, todas las puertas se abrieron de golpe, ¡y a todos los prisioneros se les cayeron las cadenas!”
Hechos 16:25-26 NTV
En medio de la prueba alabaron a Dios fervientemente y fue entonces cuando su poder y gloria se hicieron presentes al caerse las cadenas. ¿Cómo es nuestra actitud ante las dificultades? ¿Tenemos un corazón lleno de queja y enojo? ¿O alabamos a Dios más fervientemente en esas circunstancias? No importa lo que podamos pasar, el Señor es más grande que cada situación. La clave aquí es reconocer que es importante llevar una actitud humilde, con fe y certeza de que el Señor está obrando. ¡Aún cuando tengamos un panorama negro y solitario como ese calabozo!
Es por medio de la oración y alabanza a Dios que nos mostramos dependientes totalmente del Señor y reconocemos que sin él nada podemos hacer. Pablo y Silas nos dejan este ejemplo de pasión por Cristo. Cuando la gente ve nuestro corazón alabando a Dios aún en medio de las dificultades podemos también ser un canal de bendición y testimonio a otros que no le conocen.
El impacto de esa oración llegó a alguien que no había recibido al Señor. El carcelero, ese que estuvo a punto de quitarse la vida fue a los pies de Cristo gracias a esa prueba que pasaron Pablo y Silas.
“Y le presentaron la palabra del Señor tanto a él como a todos los que vivían en su casa. Aun a esa hora de la noche, el carcelero los atendió y les lavó las heridas. Enseguida ellos lo bautizaron a él y a todos los de su casa.”



