viernes, 20 de marzo de 2015

Descansando en él.


Día con día estamos expuestas a un número grande de cosas que pueden llegar a preocuparnos de una u otra manera. Había estado pasando por momentos en los que no sabía cómo manejar ciertas situaciones. En lugar de buscar una solución al respecto veía como un mar lleno de dificultades me acechaban no sólo nada más en el día sino también en mis momentos de “descanso”.

Mi paz se había ido y sentía que por más que intentara hacer las cosas simplemente no me salían. No dormía bien porque en lugar de descansar soñaba con que las cosas debían salir a la perfección, no disfrutaba mis momentos familiares o con mis amigos por pensar de qué manera podrían salir ciertas cosas.

Fue hasta un día que me puse a reflexionar y pensé;  ¿esto es lo que Dios realmente quiere de mi vida? Aunque oraba en las mañanas, entregaba mi día y todas mis actividades; aun así no experimentaba la paz que sobrepasa todo entendimiento. Definitivamente Dios quiere que seamos responsables con todo lo que ha demandado de nosotros, pero también nos dice en su palabra que hay tiempo para todo. “Todo tiene su momento oportuno, hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo” Eclesiastés 3.1 Yo no estaba acomodando mis tiempos de la manera en que deben ser administrados y en lugar de ello me la pasaba con preocupación todo el día. Hasta para eso existe tiempo, se tiene que descansar.

¿Has sentido que por más que te esfuerzas no sale todo a la perfección o como lo esperas? ¿Te has sentido frustrada porque las cosas no marchan como en un principio lo visualizaste? No fue hasta que entendí que no era mía la carga que mi mente y corazón comenzaron a descansar. Tampoco  era con mis fuerzas que saldrían las cosas. El Señor ha hablado fuerte a mi vida estos últimos días con su palabra “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso...porque mi yugo es suave y mi carga es liviana” Mateo 11.28, 30.

Recuerdo cuando era niña que si iba de visita con algún familiar y me quedaba dormida no me andaba preocupando por cómo llegaría a casa o de qué manera debía mantenerme despierta hasta que fuera la hora de irnos. Si necesitaba el descanso dormía con tranquilidad y si llegaba el momento de irnos papi me cargaría y yo despertaría en mi cama segura al día siguiente. ¡Cuánto más nuestro Padre celestial no se ocupa por nuestro descanso! Estos días he tenido que pensar un poco de esta manera, debo ocuparme en descansar sabiendo que él tiene control y que puedo amanecer al día siguiente confiada en que estoy segura en mi hogar, donde debo estar.

No es con mis fuerzas si no con las del poderoso Dios que me respalda y quien va delante de mí que puedo vencer y tener la paz que sobrepasa todo entendimiento. Que no es fácil;  te aseguro que tampoco es lo más simple del mundo pero día con día aprendemos y si ponemos en práctica y activamos nuestra fe tenemos una victoria segura. Es posible que una batalla la pierda pero no toda la guerra. Me levanto y confío que de cada situación sale un aprendizaje o algo que debo tomar en cuenta que me moldea y perfecciona día con día. Para esto necesito estar dispuesta y tomar una actitud de victoria en toda ocasión. Si en mi mente no lucho con la preocupación o desánimo no saldré adelante; al menos no de la manera que es la ideal para una hija de Dios.

Eres hija del Rey, te conoce, te formó y eres su princesa ¿Por qué vivir preocupada o con miedo si ha prometido estar contigo todos los días hasta el fin del mundo? Te invito a que comiences hoy, pon en práctica tu fe. Créele a quien cuida del universo y lo formó, a quien ha pensado en ti desde antes de la fundación del mundo, al gran yo soy. Jesús tiene tu vida en sus manos. Él es el príncipe de Paz.
Dios te bendice =)

 Recuerda que hoy es un buen día para sonreír. 

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